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CONCEPCIONES SOBRE TECNOLOGÍA Pienso en mi alma: “El hombre que construye a Robot, necesita primer ser un Robot él mismo, vale decir podarse y desvestirse de todo su misterio primordial.” …………………………………………………………. Por lo cual, en presencia de Robot, y cuando el pedagogo ya iniciaba el discurso, yo le arroje a la boca mi puñado de arena. Leopoldo Marechal (El poema de Robot) de “Identidad cultural, ciencia y tecnología: aportes para un debate latinoamericano” (Fernando García Cambeiro, Argentina 1987) En el estudio y comprensión de la tecnología, considero indispensable abordar su concepción desde el campo de la filosofía, por su naturaleza holística desde la cual intenta explicar cómo es la realidad, cómo la conocemos, y qué debemos hacer. De forma más evidente –o vertiginosa- desde inicios del siglo XX, los últimos avances tecnológicos –ya sea en el campo de la genética, telecomunicaciones o astrofísica- han generado repercusiones en la percepción que el ser humano posee de la realidad, así como inmediatas consecuencias sociales y culturales, que la filosofía no puede omitir abordar. Por tal motivo, es de mi interés reseñar las concepciones y consideraciones sobre la tecnología, desde el campo filosófico. Para ello me he basado primordialmente en la obra de Miguel Angel Quintanilla, “Tecnología: un enfoque filosófico” (Los libros de Fundesco, Madrid, 1989), editado por la Fundación para el Desarrollo de la Función Social de las Comunicaciones, por ser ésta, una obra prima en la construcción original de un modelo filosófico de la técnica –en palabra de los editores. La obra es esclarecedora para quien tiene un primer acercamiento al estudio filosófico de la tecnología, razón por la cual elegí partir de este ensayo. Si bien fue escrito hace más de una década, las delimitaciones que de las tecnologías de entonces aporta, así como los problemas filosóficos que generan, siguen siendo actuales. Miguel Angel Quintanilla utiliza el término “técnica” en sentido genérico y lo distingue de dos grandes tipos de técnicas: las técnicas artesanales o preindustriales y las ténicas industriales de base científica, y es para éstas últimas para las cuales reserva el término tecnología. No obstante, acepta que en castellano, y aún en los círculos especializados,
“técnica” y “tecnología” con frecuencia se utilizan indistintamente. Su ensayo mismo es sobre la “tecnología” aunque se refiere principalmente a ésta como “técnica”. Más específicamente, para el autor una realización técnica es un sistema de acciones humanas intencionalmente orientado a la transformación de objetos concretos para conseguir de forma eficiente un resultado valioso. De tal suerte que una técnica es una clase de realizaciones técnicas equivalentes respecto al tipo de acciones, a su sistematización, a las propiedades de los objetos sobre los que se ejercen y a los resultados que se obtienen. En todo caso el concepto técnica se refiere a acciones. Cabe aclarar que para Quintanilla la filosofia de la técnica no es ni siquiera –como lo es la filosofía de la ciencia- una rama de la epistemología. Por el contrario, considera que más bien hay que observarla como una rama de la filosofia moral o como un area especializada de la reflexión filosofica que abarca en la práctica todos los campos de ésta: la ontología, la epistemología y la ética. En esta reflexión lo que es de interés en la técnica es la capacidad de transformacion del medio que confiere al hombre, el paradigma de dicho poder. La tésis central de su argumentación es identificar las técnicas con sistemas de acciones e intentar aclarar, a partir de ahí, los problemas más importantes existentes en la filosofía de la técnica. El autor explica la lógica del diseño y del descubrimiento tecnologico, utilizando como modelo los sistemas de inteligencia artificial, y por otra parte propone una definición de eficiencia técnica que le parece central para entender la relación entre el criterio fundamental de evaluación técnica y la idea de progreso tecnológico como aumento de la capacidad humana de controlar la realidad. Por lo anterior, las concepciones sobre la tecnología quedan enmarcadas en tres problemas que la filosofía de la técnica debe esclarecer, y que son de nuestro interés: 1. Problemas ontológicos: estructura de la acción intencional, entidad de los artefactos, causalidad instrumental. 2. Problemas epistemológicos: el conocimiento operacional y su estructura (know how), la naturaleza de una invención, relaciones entre conocimiento científico y tecnológico, estructura de las teorías tecnológicas, la creación de diseños. 3. Problemas valorativos: criterios de evaluación de tecnologías, los objetivos de la acción tecnológica, implicaciones morales, económicas y culturales del desarrollo tecnológico.
Otros parámetros a considerar son los criterios de evaluación externa o social de las tecnologías:
a. Evaluación de idoneidad (tecnologías apropiadas) b. Evaluación de consecuencias o de impacto (análisis de riesgos, de impacto ambiental y de impacto social).
Para el campo de estudios de la Comunicación y Educación, una de las aportaciones más interesantes de esta obra son las reflexiones sobre la tecnología, la cultura y el ocio. Al respecto, Quintanilla señala que lo específico de la tecnología actual es el tipo de cultura que demanda y la intensidad con la que influye en el cambio cultural. Por ello, considera que existen en concreto dos tipos de valores culturales requeridos por la tecnología de nuestros días: por una parte, el conocimiento científico; por otra, un determinado tipo de valores morales y de caracter racional. Considera ingenuo pensar en un esquema de relaciones entre tecnología y valores morales según la cual la técnica actúa con neutralidad y es la sociedad, quien emplea una técnica u otra para determinados fines cuya valoración moral es ajena a la técnica utilizada. Esto es imposible ya que la tecnología genera efectos decisivos en los componentes más fundamentales de la cultural de cualquier sociedad: cambios en los sistemas de conocimientos y sistemas de valores. No de una manera esporádica y fortuita, sino de forma sistemática, continua, intensa y general. Hasta hace poco se pensaba en la técnica y su relación con los procesos industriales, de la técnica como un factor de producción, como un instrumento para la transformación de la realidad material, como generadora de nuevos artefactos. Es decir, siempre la técnica como algo situado en el proceso de producción material de la sociedad, pero poco se había meditado en sus efectos en la promoción del conocimiento y de la renovación de los valores sociales, más allá de su capacidad de producir elementos físicos –libros, periódicos, imagen televisiva-. Sin embargo, la filosofía de la técnica no puede pasar por alto que una de las características de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación es precisamente su capacidad para subertir incluso el sentido mismo de la distinción entre producción y cultura. Lo que es más característico de las nuevas tecnologías, especialmente de las de la información, es que han invadido el ámbito del ocio y lo han vuelto productivo –en términos económicos, o más específicamente, monetarios. (Apéndice 1) En todas las consideraciones anteriores no puedo pasar por alto algunas de las reflexiones de Erneto Feria Jaldón (Crítica de la Razón Tecnológica, Colección Investigación, España, 1994). Deseo hacerlo no obstante resulte vano intentar sintetizar algunas de las ideas que para este artículo resultan relevantes, especialmente por su profundidad y extensión, por lo que
procederé a citar textualmente algunos párrafos. Considero valioso contar con otra perspectiva, quizás demasiado crítica, para al menos tener un contrapeso con lo que podría considerarse un optimismo tecnologista de Miguel Angel Quintanilla. Resultaría excesivamente ambicioso pretender contraponer de forma cabal los puntos de vista de ambos autores respecto de la tecnología, en estas líneas. Empero, vale la pena traer a colación algunas de los juicios de Feria Jaldón, desde una perespectiva marxista y freudiana como el mismo define, a saber: Ortega dixit: “El afán de ahorrar esfuerzos es lo que inspira a la técnica”. Conclusión, a mi juicio insuficiente. Sin duda el perfeccionamiento de las máquinas ahorra anacin esfuerzos, pero ese no es su “sentido”, probablemente la Técnica no tenga otro que el de logar plenamente sus dos objetivos fundamentales: El Poder y el Beneficio. El máximo beneficio por parte de sus poseedores y de la manera más rápida, barata, segura y con los menos costes humanos. Puede comprobarse objetivamente, que el sueño de una sociedad del ocio –adonde apunta el “ahorra de esfuerzos” orteguiano- que anunción Keynes y otros, y hasta empezaron a planificarlo los ingénuos futurólogos, no se ha visto por ninún lado y en ningún país; antes al contrario, contrasta la existencia de un pluriempleo agotador en unos, a la caza de mayores cantidades de dinero, con la presencia de un número creciente de parados. (...) Conclusión: La Tecnología ha ido destapando las peculiaridades intrínsecas del Deseo del hombre, desenmascarando su “voluntand de poder” y su agresividad intraspecífica, correlativamente al flujo competitivo que potencia la misma aceleración tecnológica. (pag.201) El ahorro de esfuerzos al que se refiere Ortega, no es sino la eficiencia a la que antes se refería Quintanilla. Si bien, tanto él como Feria Jaldón coinciden –de diferentes perspectivas- en que lo que importa de la técnica es el paradigma de su poder, el primero hablaba de éste como un medio para lograr un beneficio (la transformación de objetos concretos para conseguir de forma eficiente un resultado valioso), mientras que el otro considera que el efecto principal de la tecnología es materializar la “voluntand de poder” del ser humano. (Apéndice 2) Para Feria Jaldón lo más adecuado es concebir la tecnología no desde la perspectiva de los efectos exteriores que esta genera en el mundo –con las consecuencias que va generando sobre la psique del hombre- sino desde cuál es el deseo inconsciente que empuja al hombre a generar y mejorar la tecnología, deseo que éste mismo alimenta en su búsqueda de poder, y no de bienestar. El ejemplo paradigmático es el armamentismo nuclear, únicamente posible gracias al progreso incesante de la ciencia y la tecnología, que paradójicamente ha llevado a la posibilidad de que el mismo progreso científico, se aniquile a sí mismo. La paradoja se revela como lógica, cuando observamos que lo que persigue el hombre a través de la tecnología, no es el bienestar sino el poder a través del deseo de poder ilimitado.
En la misma línea, los autores de “Identidad cultural, ciencia y tecnología: aportes para un debate latinoamericano” (Fernando García Cambeiro, Argentina 1987) concluyen que la presente civilización tecnológica, lejos de buscar liberar al hombre, amenaza con “homogeneizar las culturas, desmontar las ideologías, acallar la política y alienar y oprimir los pueblos”. Eduardo A. Azcuy, en el primer capítulo de esta obra de casi dos décadas de antigüedad pero de enorme relevancia en nuestros días, “La revolución científico-tecnológica una visión desde el pensamiento poético”, describe pormenorizadamente las que para su juicio, son las dos visiones preponderantes en nuestro mundo: la concepción científica y la visión poética. Para Azcuy, ya en los 80’s se percibía una crisis “inédita” y sin semejanzas en otros períodos históricos. El hombre, producto de la naturaleza, comenzaba enfermizamente a buscar alejamiento de ella, mientras aparece impotente para generar comunidades solidarias. La tecnología, lejos de ayudarle a enfrentar los poderes instaurados, “empobrece y desmitologiza su vida, amenaza los valores y subordina a su concepción materialista y tecnocrática, tanto la realidad socio-política, como la ética, el arte y la religión”. Y sin dejar espacio a quienes imagina en la televisión un espacio posible para la pedagogía, acusa a ésta de ser más apta para “inducir estados hipnóticos (comerciales) que para estimular procesos de aprendizaje consciente.” Siendo la tecnología producto del hombre, no puede escapar a enjuiciamientos éticos. Pensarla neutra y que la moral sólo corresponde al usuario de la tecnica, es rechazar que todo instrumento está impregnado del medio ambiente en que fue originado, con la “impronta de las relaciones sociales en cuyo seno se inserta”. Partiendo de que la concepción de la técnica busca inevitablemente los principios de eficiencia y eficacia sobre cualquier cosa, Azcuy sostiene que las tecnologías pueden representar elementos de colisión con las culturas, subrayando que los valores de estas últimas deben guiar los modos de desarrollo y expansión de las primeras, y no al revés como ha venido sucediendo. En resumen, desde la filosofía de la técnica que expone Angel Quintanilla, la concepción de la tecnología –su generación y desarrollo- es originada por el deseo expreso de bienestar del hombre, por su búsqueda de aumentar su capacidad de controlar el medio. Estas nociones sobre la tecnología quedan circunscritas en tres áreas –problemas ontológicos, epistemológicos y valorativos-, mismas que pueden ser analizadas por criterios de evaluación externa o social: evaluación de idoneidad y evaluación de consecuencias o de impacto.
Desde la perspectiva freudiana-marxista asumida por Ernesto Feria, el hombre y sus necesidades materiales ya dejaron de ser los sujetos que impulsan el desarrollo tecnológico, y por el contrario, los propios efectos de las tecnologías se han convertido en instrumentos de dominación ya no exactamente del hombre (en lo social, político y económico, que es la acusación clásica anti-tecnologista), sino de lo que le impulsa: el deseo, la seducción y la búsqueda de poder ilimitado. Es decir, primeramente el estudio de la tecnología desde la psicología y la estructura sociológica en la que está envuelto el hombre. Reflexionar acerca de la tecnología es el primer paso para definir qué posición y actitud tomar frente a ella. Para finalizar, las palabras de Eduardo A. Azcuy no pueden ser más valiosas por lo tanto: “No se trata, entonces, aquí, en América del Sur, de modernizar la dependencia, de copiar servilmente el desarrollo de los poderosos o de confrontarlos mediante regresiones inviables. Se trata de saber desde qué perspectia mental vamos a ser creadores y transformadores.” Alejandro Chávez Rodríguez
APÉNDICE 1. Ironiza Quintanilla: Si se me permite el juego de palabras: la técnica ha transformado el negocio en ocio y el ocio en negocio. Este profundo cambio habría sido imposible de materializarse sin la difusión de las tecnologías de la información. Su mayor capacidad actual no es que puedan almacenar, transmitir o reproducir información, sino que la procesan. Dicho procesamiento de la información permite la usuario crear nuevos tipos de información. Esto deriva en que la tecnología, de manera sobresaliente la informática, genera nueva información. Precisa el autor: La tecnología informática conlleva también una alteración radical de la forma de integrar la actividad intelectual o la cultura en el sistema productivo. La tecnología preinformática hizo posible la separación entre el trabajo físico y el trabajo intelectual y la incorporación de éste a la producción en las tareas de control, diseño de productos, de máquinas, etc. Lo nuevo con la tecnología de la informática es que estas tareas intelectuales se pueden incorporar a la propia actividad de las máquinas. 2. Ortega dixit: “Es el proyecto quien sucita la técnica, la cual, a su vez, reforma la naturaleza”. Yo pienso que esta proposición fue certera en los limbos iniciales de la Historia (...) Más después, proyecto y tecnología se enlazaron en una relación diacrónica, dialéctica, de manera que fue la innovación tecnológica la que hizo posible (re-activamente) nuevos proyectos de dominación, y esta dominación, a su vez, la que suscitó la creación de nuevas técnicas... (pag.213-214) (Históricamente ha existido una) Ingenuidad de pensar que el fenómeno técnico surge como deseo del hombre de “bienestar” (el resultado valioso, mencionado por Quintanilla) –que es un efecto que se sigue de la construcción de mercancías y máquinas- y no del Poder, que es el supremo efecto que siempre y en toda geo-historia, persiguió realmente el hombre. Supongo que la “naturaleza” a que Ortega se refiere es la Naturaleza exterior, que ésta si va siendo mas que “modificada”, destruida, llevándose por delante los nichos ecológicos; porque lo que es la naturaleza interior, el hombre, que yo sepa, jamás se ha modificado, sino que la evolución tecnológica, al posibilitar el despliegue de la voluntad de poder, lo que ha hecho ha sido “revelarla”, ponerla de manifiesto, -si es que estuvo alguna vez suficientemente enmascarada- des-inhibirla, desencadenarla sucesiva y paralelamente al ritmo tecnológico, arrumbando sus frenos mitológicos, sus tabúes ideológicos, correlativamente a los efectos sociales de la misma tecnología. Es evidente la confusión alienante de ciertos optimistas que confunden el despliegue tecnológico, producto de una serie de experiencias acumulativas, comandadas por la lógica neo-cefálica, con una mayor amplificación racional de la conciencia, cuando tal amplificación sólo sería posible a través del conocimiento científico de la estructura de la Subjetividad y de los complejos mecanismos afectivos inconscientes (...) pero de cuya formulación conceptual estamos aún en los balbuceos. (pag.213-214)
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