| Reflexiones universitarias del día del estudiante |
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| CV - Textos |
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Alejandro Chávez Rodríguez Texto elaborado durante la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación Facultad de Ciencias Humanas Universidad Autónoma de Baja California 1999-2004 Reflexiones universitarias del día del estudiante "Es predecible que los estudiantes universtiarios prefieran que sus estudios los pague el conjunto de la sociedad y no ellos directamente (...) Si creemos en la competencia, en la meritocracia y en el valor de la ética de la responsabilidad, cuando arribamos a la etapa adulta de nuestras vidas es menester que aceptemos el peso de lo que eso realmente significa". De "Fábricantes de Miseria" (A.Vargas Llosa, C.A. Montaner y P. Apuleyo) Una vez más se acerca el tan anhelado día para muchos estudiantes de educación superior -media y superior- en el que paradójicamente, celebrarán su condición de estudiantes olvidandose del estudio y de cualquier actividad cercana a la reflexión, observación o simple meditación del entorno y del presente. Sin desear censurar el deporte nacional por excelencia -la planeación y realización de festejos- ni la celebración de enorgullecerse de la condición social personal, habría que empezar a pensar seriamente en cosas de mucha mayor importancia que requieren de atención inmediata. En México ya desde hace un par de décadas, la educación superior pública está en crisis. Cuando lo anterior llega a ser mencionado en algún medio de comunicación masiva -localmente ni siquiera se menciona- pareciera que poco nos importa. Tal vez sea porque los del centro de la república tienden a ignorar nuestros problemas, así como nosotros también tendemos a sentirnos -con mayor frecuencia e intensidad- una región muy distinta y separada de la del resto del país y sus problemáticas. Probablemente sea mucho más porque existe una confianza ciega en nuestra casa máxima de estudios. Pero la UABC -al igual que el resto de las universidades públicas del país- no escapa a este fenomeno que aqueja a la sociedad mexicana hoy en día. Lo más grave es que quienes deberían ser los principales interesados en conocer este problema y buscarle una solución no se dan siquiera por enterados, o peor aún, al mirarlo prefieren cerrar los ojos y andar bajo la consigna "voy derecho y no me quito". Llega entonces el momento cuando los temores de ayer se convierten -a causa nuestra y bajo nuestro auspicio- en los graves problemas del presente (de hoy): la obtención de un empleo digno y acorde a las expectativas cultivadas por años en las aulas se vuelve un sueño aparentemente irrealizable. Y conforme a la información que se tiene, probablemente así sea. El 2 de mayo, Sergio Sarmiento en su columna Jaque Mate, publicó datos muy trascendente para comprender el desempleo en México y cómo las universidad públicas han cooperado -y siguen haciendolo- para la existencia de este problema. Contrariamente a lo que la cultura dominante pregona -puesto que desde hace tiempo esto es de conocimiento popular-, el acceso a la educación superior no garantiza un futuro (de aquí el origen de aquel chiste que dice que en una familia con contadores, licenciados e ingenieros, el que vende "hot dogs" es el que los mantiene a todos). Conforme a mayor grado de instrucción, mayor es la tasa de desempleo. De acuerdo con datos recientes del INEGI, del 2.8% de desempleados en nuestro país (de la población económicamente activa) , 47% de ellos tienen estudios de nivel medio superior o superior (a pesar del mínimo porcentaje de mexicaos que logra este grado de instrucción), mientras que increíblemente, 2.7% del total de desempleados no terminó la primaria y 1.3% no realizaron siquiera estudios. Es decir, quiene poseen menor o nula educación formal tiene mayores probabilidades de obtener un empleo. El origen de este extraño -pero comprensible- fenómeno se encuentra en al menos VARIOS factores: 1. Las escuelas públicas del país destinan anualmente decenas de miles de millones de pesos para educar a jóvenes sin prestarle atención al mercado laboral. La preocupación de las instituciones se halla principalmente en el número de estudiantes que tienen, que es la base del subsidio que reciben, que por la calidad de la instrucción o por las oportunidades de empleo. El periodista acusa a estas instituciones de educar a un "ejercito de víctimas para el desempleo". De hecho, señala que las Escuelas de Comunicación están entre las más irresponsables por prerarar cada año a miles de estudiantes para un mercado que está sobresaturado desde hace años. Dice entonces, que a los estudiantes se les atrae "con el señuelo de la gratuituidad sólo para condenarlos a una vida de desempleo o de bajos ingresos". Solamente aquí, Sarmiento se olvida de la enorme responsabilidad que estas "víctimas" tienen en que esto persista de la complacencia que demuestran al aceptar estos hechos y de la culpa misma deser "víctimas" ignorantes. - Al mismo respecto, Alvaro Vargas Llosa, Plinio Apuleyo y Carlos Alberto Montaner en "Frabricantes de Miseria" (Plaza Janés. México 1998) afirman que "la universidad pública iberoamericana goza (o padece) de una especie de aislamiento del entorno social en que se inscribe" (pag. 258). Los autores denuncian la escasez que hay en dichas universidades de una coordincación entre la investigación científica (cuando se tiene) y las necesidades del ramo empresarial. Asimismo, miran con preocupación que rara vez "el gobierno comunique los problemas que confronta a estos centros para tratar de hallar en ellos las soluciones que la sociedad necesita". De esta manera, va originandose "un lamentable divorcio entre el cuerpo social y lo que debería ser su cerebro". En pocas palabras, coinciden en que en nuestras universidades públicas "prevalece un total clima de irresponsabilidad". 2. Masificación del estudiantado. A pesar del problema del mínimo porcentaje de la población que logra iniciar estudios superiores (2 de cada 10 mexicanos entre 18 y 24 años lo realiza), y de la todavía inferior cantidad que logra finalizarlos, la solución no radica en abrir las puertas de las aulas universitarias a cuantos alumnos quepan en ellas. Existe entre nosotros el dogma bien enraizado de que existe el "derecho" de todas las personas a contar con enseñanza universitaria sin considerar mínimamente las limitaciones materiales de las instituciones, las necesidades reales de la sociedad, los recursos de que ésta dispone y, lo peor del todo, mínimizando el conocimiento, la capacidad y el compromiso de los estudiantes para con sus escuelas. Los autores del libro citado, claramente indican el criterio básico para el ingreso de estudiatnes a las universidades: el número razonable de personas al que se es capaz de ofrecer la mejor educación posible, de acuerdo a los medios con que se dispone. Es necesario también un estricto criterio de selección y de evaluación del expediente académico previo, porque las universidades no alcanzan un alto nivel sólo por la calidad de su planta docente, sino también por la calidad de los estudiantes que son admitidos. Cierto es que existe un claro conflicto entre calidad y cantidad pero es indispensable sacrificar la cantidad en aras de la calidad, porque de lo contrario se estarían formando semi-profesionales, o mejor dicho, mediocres. Es debatible el hecho de que habrá personas que por su falta de méritos no puedan ingresar a estudios superiores, pero es inaceptable que prosiga la proliferación de pseudo-estudiantes que sólo van a calentar el mesabanco, y que aún así, obtienen su título universitario con lo que se demerita el esfuerzo de quienes realmente estudian, desprestigiando a sus correlegionarios y a las instituciones mismas. Es decir, el supuesto beneficio de facilitar el acceso a un mayor número de estudiantes es más bien contraproducente, pues se demerita con creces la labor de los estudiantes y profesores, constantemente se satura el mercado laboral y significa un desperdicio del erario por intentar llevar a cabo lo irrealizable (educar a todo mundo sin distinciones de calidad estudiantil y de paso, gratuitamente). - La historia es bien conocida: las universidades se quejan de que los alumnos vienen impreparados del bachillerato, los bachilleres se molestan porque los estudiantes llegan mal preparados de las secundarias, mientras que éstas -para variar- denuncia a las primarias de ser responsables de la impreparación del alumnado. Para colmo, las primarias acusan a las familias de ser las culpables de la incapacidad de los estudiantes. El inicio de la solución de esta espiral de irresponsabilidad bien puede comenzarse elevando el nivel de conocimiento exigido para ingresar a las universidades, de esta forma, los estudiantes no-universitarios se verían obligados a exigir una mejor educación en sus actuales aulas y procurararían una mejor educación fuera de ellas (la inasistencia a museso y bibliotecas por parte de los mexicanos, ha sido constantemente comprobada por muy distintos estudios). Igualmente, esto podría ser un detonante para despegar la práctica de la lectura en la población, tan trascendental en la formación educativa. 3. Gratuituidad de la educación. Cuando se supone que una de las principales razones (o el más elemental acto de justicia, si se sigue creyendo que a mayor educación mejores probablidades de nivel de vida) de la gratuituidad de la educación superior es posibilitar la educación superior a los estratos más pobres de la sociedad, vemos que en los hechos es todo lo contrario. Esto mismo señalan los autores latinoamericanos mencionados, y muestran su mejor ejemplo en la Universidad Nacional Autónoma de México (donde acorde con cifras oficiales, en el año 2000 más del 70% de su población pertenecía a la clase media alta, mientras que las clases de menores ingresos no rondaban ni una décima parte). La gran mayoría de los estudiantes forma parte de los niveles sociales medios y altos, pero los costos de estos estudios debe pagarla la totalidad de la población. Si este estrato social-que está en la posibilidad de pagar el verdadero costo de la educación que recibe- cubriera el gasto que en él se invierte, habría mayores recursos para destinar a tres áreas que requiere urgentemente de ayuda: más y mejores becas para quienes verdaderamente las necesitan, aumento de salarios a los docentes para mejorar sus ingresos y aumentar los maestros de planta (quienes podrían así realizar su labor docente sin la necesidad de tener otro empleo que los distraiga de la enseñanza de sus alumnos), y finalmente, inversión en infraestructura e investigación (ésta última, mínimamente efectuada en nuestra Máxima Casa de Estudios. La UNAM lleva a cabo más del 70% de la investigación que se hace en las universidades del país, incluyendo a las privadas). Además, resulta a todos claro que quien paga exige y demanda mayor calidad en aquello en que ha efectuado un gasto. "Un estudiante en estas condiciones exigirá al maestro que se comporte con rigor y seriedad" (pag.278). La Universidad Nacional, lamentablemente, es un buen ejemplo para ilustrar cómo las universidades gratis, o casi gratis, siguen la tendencia de perder calidad académica (aunque muchos se nieguen a aceptarlo, es innegable que la UNAM tuvo un grave descenso -no en la totalidad de sus departamentos, pero si en casi todos los campos- en la calidad de la educación que en ella se imparte. No es política neoliberal ni mandato del FMI (cómo actual y usualmente se quieren explicar todos los problemas socio-económicos en nuestra nación) que las empresas en el DF y Area Metropolitana dificulten el otorgamiento de un empleo a un egresado de la UNAM. Hay que agregar también, que si aprobar o desaprobar una materia no implica una sanción, expulsión o costo económico significativo, serán muchos los alumnos que no se esfuerzen realmente. Si al lado de un alumno que desperdicia su tiempo en la universidad -mientras se escapa de la clase para recostarse sobre el pasto o utiliza el internet sólo para alimentar su morbo- colocaramos a un trabajador realizando su labor (ya sea un licenciado o un obrero, quiene finalmente costean de manera esencial la educación que el susodicho recibe) seguramente daría coraje y pena. Y si fueramos nosotros el trabajador, sentiríamos indignación.... y qué tal si fueramos nosotros este drespreocupado alumno? Los puntos tratados aquí rápidamente sin duda requieren de una más profunda reflexión, pero necesitan sobre todo, que se ponga en la mesa de debate cuanto antes(suponiendo que esta se ha instalado ya). En lugar de defender dogmas, deberíamos empezar por reconocer que nuestras universidades -incluyendo a la UABC- necesita de cambios urgentes y empezar con propuestas, es una propuesta en sí misma en Buy diltiazem el prevaleciente clima de apatía y silencio. Mal haríamos en dejar pasar otro día del estudiante sin estudiar nuestra situacíón misma. , �4 �i�A���). Al final de cuentas, el afectado sigue siendo el ciudadano mexicano que no encuentra medios para comunicar - más que únicamente manifestar- sus ideas a la comunidad y al Estado.
5. La sociedades de estudiantes.... ¿quién puede afirmar que en la actualidad las sociedades de estudiantes respresentan un grupo importante en la sociedad? Es decir, la importancia de su existencia sigue siendo tan trascendente como en los 60´s pero su actual devenir poco influye en la clase política local o federal. Sus logros junto con los de los académicos, en la mayoría de los casos, han sido magros y sus beneficios reducidos casi exclusivamente para las comunidades universitarias. Poco hacen para ser una fuerza política legítima e influyente en la sociedad, cuando la verdad es que deberían serlo. Esto en realidad no se reduce a las aulas de educación superior: quienes más participaron en las manifestaciones políticas en contra de la ultra-derecha franca encarnada en Le Pen, fueron precisamente jovenes del liceo, quienes no pueden todavía votar, pero quienes con su iniciativa y súbito interés político, se hicieron ver en todo el mundo. No basta con que exista libertad de expresión y se defienda a ésta enarbolando banderas y permaneciendo al grito de guerra, si no cambiamos rápidamente la presente infuncionalidad en estos sectores de nuestra sociedad dentro de poco viviremos una revolucionaria sorpresa, con cambios imposibles de predecir. Son pocos los periodistas y académicos que se han percatado de ellos, por lo que no sorprenderá que muchos sean los deslumbrados o asustados cuando la sociedad ignorada encuentre medios alternativos eficientes de comunicación, o elija la violencia política como única alternativa.
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