| "¿Qué hacer con los mediocres?" |
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| Agencia de Páginas Web y Publicidad - Artículos |
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Cuando los otros que se dicen competencia copian sus productos, servicios, precios y hasta su información. Reflexiones a partir de una experiencia nuestra. El siguiente texto no contiene un conjunto de sugerencias comerciales respecto a qué hacer cuando aquellos que se dicen su competencia (que no lo son en verdad porque se encuentran a un menor nivel en calidad profesional y moral) copian lo que usted hace. Es una reflexión libre sobre un suceso personal y que, efectivamente, tiene relación con el campo profesional y comercial. Si a usted le ha pasado esto, lo invito a compartir sus comentarios via email. "¿Qué hacer con los mediocres?"La pregunta no la planteamos nosotros sino Gabriel Zaid en "El Secreto de la Fama". Como los buenos textos, lo encontré justo cuando lo yo necesitaba y no lo buscaba, o como dicen algunos, el libro me encontró cuando yo lo necesitaba. Justo acababa de descrubrí que unos sujetos sin escrúpulos copiaron textos y planes de servicios, con todos sus detalles, tal cual, para su propio beneficio sin hacer referencia alguno hacia el autor, cuando de salida a realizar algunos trámites tomé este libro de mi cabecera (para leer mientras esperaba a la burocracía), lo hojée y dí con este capítulo que abordaremos más adelante. Primero el suceso. Unos incompetentes (las cosas por su nombre) que se esconden en el anónimato pero se presentan a nombre de un estudio de diseño, tuvieron la desfachatez de copiarme no sólo planes de servicios (con todos sus detalles) sino de plano plagiar algunos de los textos con los que explico los servicios que ofrecemos. Esto lo descubrí partir de un email que recibió un cliente mío, quien me advirtió de haber recibido un correo en el que los sujetos mencionados le ofrecían sus servicios, lo cual no tendría nada de malo sino fuera porque utilizan a calca textos que no son de autoría, sino mía. Por lo visto, no sólo no les importa copiar lo de otros sino no tienen cuidado alguno en al menos no hacerse notar -mala idea escribirle a un cliente que antes que ello es un viejo amigo. Textos publicados al menos desde agosto de 2010 en www.logosmexicali.com , y que están actualmente copiados por estos charlatanes del diseño y la comunicación: Diseño de Logotipo El logotipo es un elemento indispensable para llevar a cabo cualquier tarea de publicidad. Es la cara de su empresa o negocio en cualquier medio impreso, multimedia o en internet. De su logotipo depende en buena medida lograr una primera buena impresión en los potenciales clientes y consumidores. Creación de Marca "Este servicio incluye el diseño de logotipo original. No basta con contar con una buena imagen gráfica, la marca auditiva es también fundamental para lograr un buen posicionamiento comercial. Un nombre de empresa y negocio es tan importante como el nombre de una persona." Y aquí la copia pirata. Obviamente ocultamos sus datos, no vamos hacerles publicidad de gratis:
No siendo suficiente copiar los detalles de estos servicios, también se piratearon el nombre de nuestros paquetes, que no es que tengamos copyright sobre el nombre de estos planes, pero ya es mucho descaro que nombre y detalles de los servicios "coincidan" con los nuestros.
El colmo del cinismo es ofrecer también servicios editoriales, es decir, desarrollo de contenidos. Evidentemente es un trabajo fácil si lo que ofreces a tus clientes es copiar lo de otros. Sería de risa loca y de pena ajena sino fuera porque están estafando a la gente. Volviendo con la pregunta inicial, quisiera aclarar que de ninguna manera la utilizo de manera peyorativa. Es de esperarse que los aludidos visitarán nuevamente este y aquel sitio para ver que más hay de nuevo para copiar y sí, quizás encuentren este artículo y puedan sentirse ofendidos por el título pero no es esa la intención mía ni de que citó (ironía para quien haya leído ya el libro). Sobre los plagiarios, he desistido de contactarles porque la vida me ha enseñado a mejor evitar el trato con patanes -y ya bastante caro me ha salido trabajar con uno. Por otro lado, en su ignorancia estas personas que también dicen saber y vender servicios de posicionamiento web me hacen un favor al reproducir textos publicados primera y originalmente en mis sitios web. Esta bastante claro que nada saben al respecto. Siendo que está claro que no saben escribir, en realidad tengo pocas esperanzas en que sepan leer. No hablo de leer y escribir en el sentido mecánico, sino de lo que los expertos llaman alfabetismo disfuncional (no soy uno pero algo aprendí en mil master de Educación) , esto es, leer sin entender, comprender lo que se está leyendo. Así que aunque se lleguen a tomar la "molestia" (me queda claro que no les gusta cultivarse) de buscar el texto por internet (no creo que lleguen para tanto como para ir a una biblioteca) y leerlo, tengo fundadas dudas de que vayan a comprenderlo. ¿Pero qué dice Gabriel Zaid? Esta reflexión suya sí que deseo compartirla (habiendo decido ya suficiente datos para encontrar la bibliografía) con usted estimado lector, que si por los azares de Google llegó hasta esta página, será que porque en algún interés en común coincidimos (tan sólo espero que no sea para copiar). Yo creo que sus palabras hablan por sí mismas, no tengo mucho más que agregar al respecto. Acerca de cómo puede afectarnos esto, en realidad poco nos preocupa. Si ofrecen "lo mismo" y a menor precio, poca importancia tiene pues la calidad, especialmente la calidad de lo original, se nota y es lo que nuestros clientes aprecian. Y dicho sea todo esto con humiladad de no sabernos los mejores ni mucho menos, pero sí con la seguridad de hablar con honestidad gracias al trabajo honrado que realizamos. Solo me gustaría subrayar unos párrafos de especial interés en este texto preliminar al cuerpo principal del tema de este artículo. Pues previendo que flojos como son, les diría que a como pone las cosas Zaid, copiar no es tan malo, y podríamos sintetizar una parte del libro en este párrafo: "En la vida cotidiana, todos nos vemos en el espejo de los otros, como actores y espectadores. El mimetismo espontáneo, irreflexivo, como reflejo de la conducta ajena (hasta en formas tan elementales como poner la misma cara que el interlocutor está poniendo), es un mecanismo natural. Favorece las acciones concertadas (los vuelos en formación de las grullas), el desarrollo de los que van naciendo (los aprendizajes por imitación) y el desarrollo cultural (la difusión de innovaciones por imitación, observada en los chimpancés). ---- Hay una paradoja en la cultura del progreso. Aspira a una excelencia cada vez mayor en todas las disciplinas, a una igualdad cada vez mayor de todas las personas. Pero ¿cómo reconciliar igualdad y excelencia? La excelencia desiguala. "Si todo en este mundo fuera excelso, nada lo sería" (Diderot, El sobrino de Rameau). ... Sería más inteligente reconocer que todos somos mediocres en casi todo, que no tiene importancia y que intentar lo máximo en todo es ridículo. La excepción no puede ser la regla general, y no hay que confundir esto con la verdadera regla general: que cada persona es única, porque su código genético, su historia, su conciencia, sus capacidades y sus gustos, constituyen un ser único. No hay dos personas iguales. Para que una persona sea comparable con otras, hay que reducirla a lo que no es: peso, estatura, edad, velocidad en cien metros planos, palabras por minuto que puede teclear, escolaridad, dinero que gana, premios obtenidos, calidad de sus traducciones de Catulo, de su interpretación del De profundis de Sofía Gubaidulina, de sus retratos al óleo. Si las personas se reducen a una sola dimensión comparable, lo normal es la medianía, como en cualquier distribución estadística; y lo ridículo es desear que toda la población compita y gane en la prueba olímpica de cuatrocientos metros de nado libre. Es imposible que todos ocupen el primer lugar, y es indeseable que lo intenten. Lo deseable es que todas las personas aprendan a nadar, para que lo disfruten (y lo usen, en caso necesario). Reducir a las personas a una dimensión las degrada. La sociedad entera se degrada, si todo se reduce a medir y ser medido. Aprender no es lo mismo que sacar buenas calificaciones, y lo importante es aprender. Divertirse y sufrir, lidiando con el agua, los materiales, las herramientas, las ideas, las circunstancias que pueden convertirse en una solución feliz, no es lo mismo que ganar puntos curriculares, prestigio, posiciones, dinero. Este deslizamiento de la vida concreta hacia la abstracta da menos valor a las personas y a las cosas que a su medida en una dimensión. Paralelamente, es un deslizamiento de la realidad al narcisismo. Hay padres bien intencionados que dicen a sus hijos (para mostrar que no los obligan a seguir su profesión): "Puedes ser lo que quieras, hasta barrendero; pero, eso sí: el mejor barrendero." Lo cual es empujarlos a la reducción de sí mismos, no a su desarrollo. Ser el número uno como barrendero (o lo que sea) está centrado en el yo y los competidores, no en el trato competente y feliz con la realidad. Así se comprende la necesidad ontológica de no ser descalificado, y la presión sobre los maestros, jurados, editores. Cuando lo importante no es aprender, entender, crear, investigar, divertirse, resolver problemas, ayudar, sino competir y ganar, toda prueba es un Juicio Final con pase al cielo, reprobación al infierno o suspensión en el limbo. De ahí las mañas infinitas para tener éxito, como única meta en la vida. Todo trato competente con la realidad se reduce a un trato con abstracciones: medir y ser medido, derrotar a los competidores, superar marcas. Barrer bien, nadar sabrosamente, hacer cosas bien hechas, madurar como personas, encontrar solucionescreadoras a los enigmas y problemas que nos plantea la realidad, todo se vuelve secundario para el winning is all del trepador. Paradójicamente, la presión trepadora desemboca en el ascenso de los mediocres al poder y la gloria. Se supone que el darwinismo ferozmente competitivo debería entronizar a los excelentes, no a los incompetentes. Pero las carreras trepadoras están llenas de pruebas cuyos resultados no se miden tan fácilmente como el tiempo en una alberca olímpica. Evaluar a una persona para un puesto o premio, evaluar una obra, no puede ser exacto. Es tan discutible que distintos jurados honestos y capaces pueden llegar a conclusiones opuestas. Si, para evitar la discusión, todo se limita a mediciones mecánicas, el resultado es absurdo. El candidato con más puntos puede ser un mediocre. El producto que más vende puede ser mediocre. Lo más calificado en las encuestas puede ser mediocre. El programa con más rating puede ser una porquería. La competencia trepadora no siempre favorece al más competente en esto o en aquello, sino al más competente en competir, acomodarse, administrar sus relaciones públicas, modelarse a sí mismo como producto deseable, pasar exámenes, ganar puntos, descarrilar a los competidores, seducir o presionar a los jurados, conseguir el micrófono y los reflectores, hacerse popular, lograr que ruede la bola acumulativa hasta que nadie pueda detenerla. La selección natural en el trepadero favorece el ascenso de una nueva especie darwiniana: el mediocre habilis. No es imposible que una persona competente en esto o en aquello sepa también acomodarse y trepar, pero no es necesario. Lo importante es lo último. Una persona más competente aún puede ser descartada en la lucha trepadora, si no domina las artes del mediocre habilis. Así se llega a las circunstancias en las cuales un perfecto incompetente acaba siendo el número uno. Desgraciadamente, aquellos que no tienen interés en lo que están haciendo, sino en ser aprobados, presionan hasta que se salen con la suya. Muchos años después, cuando llegan al poder y la gloria, son los modelos ejemplares de una sociedad reducida a trepar, y la degradación se extiende desde arriba. Muchos lo lamentan, sin ver que todo empieza abajo: cuando maestros, jurados, editores, para no sentirse verdugos, se vuelven cómplices del trabajo mal hecho. |
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